10 de agosto de 2017

Reseña #168 | Diez negritos | Agatha Christie


"Diez negritos se fueron a cenar. Uno se ahogó y quedaron: Nueve. Nueve negritos trasnocharon mucho. Uno no se despertó y quedaron: Ocho. Ocho negritos viajaron por el Devon. Uno se escapó y quedaron: Siete. Siete negritos cortaron leña con un hacha. Uno se cortó en dos y quedaron: Seis. Seis de ellos jugaron con una colmena. A uno de ellos lo picó una abeja y quedaron: Cinco. Cinco negritos estudiarion derecho. Uno de ellos se doctoró y quedaron: Cuatro. Cuatro negritos fueron a nadar. Uno de ellos se ahogó y quedaron: Tres. Tres negritos se pasearon por el Zoo. Un oso los atacó y quedaron: Dos. Un negrito se encontraba solo. Y se ahorcó, y no quedó ¡ninguno!"



Diez personas reciben cartas firmadas por un desconocido Mr. Owen, que las invita a pasar unos días en la mansión que tiene en uno de los islotes de la costa de Devon. La primera noche, después de la cena, una voz los acusa, de ser culpables de un crimen. Lo que parece ser una broma macabra se convierte en una espantosa realidad cuando, uno a uno, los invitados son asesinados en un atmósfera de miedo y mutuas recriminaciones. La clave parece estar en una vieja canción infantil: «Diez negritos se fueron a cenar, uno se ahogó y quedaron nueve. Nueve negritos trasnocharon mucho, uno no despertó, y quedaron ocho...».



Ocho personas completamente desconocidas han sido invitadas a pasar unos días en una mansión de ensueño, en la isla del Negro. Una isla que ha suscitado todo tipo de rumores durante los últimos años y que todavía se encuentra bajo la atenta mirada de la prensa, ya que nadie sabe quién es en realidad el propietario de la isla. Aunque son muchas las voces que mencionan el nombre de un misterioso señor Owen.

No obstante, los protagonistas han recibido cartas firmadas por diferentes personas que nada tienen que ver con los propietarios de la isla. Vera Claythorne, Philip Lombard y William Henry Blove acuden por motivos laborales. El juez Wargrave, Emily Brent, el general MacArthur y Anthony Marston han sido invitados por viejos amigos. Y por último, el doctor Armstrong, ha sido reclamado para curar la delicada salud de la señora Owen.

Una vez en la isla, son recibidos por los únicos criados que habitan la mansión, la señora y el señor Rogers. En ausencia de su anfitrión, algunos invitados comienzan a sospechar que algo extraño está sucediendo en la isla. Entonces, una voz salida de un gramófono acusa a las diez personas presentes en el salón de crímenes horribles.

A partir de ese momento, los invitados son asesinados, uno a uno... y el asesino es uno de ellos. Cuando no puedes fiarte ni de tu propia sombra, el suspense psicológico está servido.

La prosa de esta autora es admirable. La historia está narrada en tercera persona, lo que le permite hacer un recorrido por la psique de cada protagonista. Y lo hace sin prisa pero sin pausa, con un ritmo narrativo que te engancha sin remedio desde las primeras páginas, porque en todos los capítulos se descubre algún dato de interés. No me ha parecido una novela especialmente descriptiva, pero incide con acierto en los detalles más relevantes para provocar un nudo en el estómago del lector justo cuando es necesario.

Diez negritos es una novela MA RA VI LLO SA. La historia es magnífica y la ambientación me ha provocado tantos escalofríos como páginas tiene el libro. Realmente, consigue mantenerte en tensión de principio a fin. Me he pasado toda la novela con la inquietante sensación de que algo malo estaba a punto de ocurrir, así que su lectura ha sido una experiencia muy emocionante. En todo momento, sientes la crispación de los personajes en tu propia piel y, al final, te pones de los nervios, intentando descubrir quién es el asesino y cómo es posible que actúe desde la sombra sin ser descubierto.

Si bien es cierto que no me ha parecido una novela perfecta en su totalidad, ya que su desenlace contiene elementos poco creíbles y el argumento comete alguna que otra incoherencia. Aún así, es una novela que recomiendo a todo el mundo, porque mantiene la intriga hasta la última página.

La edición de Molino que me ha tocado leer es una antigualla, pero la verdad es que me ha gustado mucho. Sobre todo porque la traducción de Orestes Llorens es muy correcta.


Nota: cinco de cinco

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