28 de abril de 2017

Reseña #120 | Alma y la isla | Mónica Rodríguez


<<A veces, algunos pescadores hacían eso: se llevaban a los niños que venían del mar a sus casas hasta encontrar una solución. Nadie sabía su  nombre, pero mi padre dijo que se llamaba Alma.>>


Alma ha llegado del mar. Otto no entiende su idioma y, desde que está en su casa y le ha tenido que dejar su habitación, se siente desplazado. La atención de sus padres, su abuela y hermanos ahora se dirige a Alma. Y a Otto, el pequeño de la familia, esto no le hace mucha gracia. A pesar de todo, la comunicación entre ambos irá más allá de las palabras y la amistad trascenderá la distancia que aparece en un primer momento. Gracias a la presencia de un amuleto, Otto entenderá mejor el origen de Almaz Sebhat, el verdadero nombre de la niña que vino del mar.

Otto siempre ha sido el más pequeño de la casa. Hasta que un día se siente destronado por la niña "demonio" que ha llegado del mar. Alma es una superviviente. Su familia ha arriesgado la vida para huir de la guerra y la miseria. Pero no todos han tenido la misma "suerte" que Alma. Otto ha visto con sus propios ojos a los ahogados que han aparecido mecidos por las olas. No obstante, siente celos de la niña que le ha robado la atención de su familia.

Sé lo que estáis pensando, que esta novela parece demasiado dura para un público infantil. Sin embargo, Mónica Rodríguez siempre encuentra las palabras adecuadas. Al final, la belleza del paisaje prevalece por encima de los horrores que éste encierra sin restarle ni un ápice de dramatismo a la situación. Por otro lado, Alma es un personaje adorable.

Pensaba que Otto sería el típico niño mimado e insoportable, pero la verdad es que resulta muy fácil ponerse en su lugar y comprender su postura. Además, su rechazo hacia Alma no es tan radical como me esperaba. Por supuesto, siente rabia y adopta un comportamiento demasiado egoísta, pero también tiene gestos de amabilidad y simpatía hacia ella. Y ese equilibro entre dos emociones tan opuestas me ha resultado de lo más entrañable.


La novela está narrada en primera persona por el propio Otto, un niño de 10 años. En ese sentido, la autora consigue meterse en su piel y describir las emociones más básicas de un niño de su edad. La prosa es amena y utiliza un lenguaje bastante sencillo, ideal para los lectores de la misma edad que el protagonista. Además, los capítulos son muy cortitos y se lee en un suspiro. Como siempre, es muy difícil juzgar un libro infantil como lectora adulta, intentando adivinar si a los niños también va a gustarles. Pero en general, me ha parecido una lectura entretenida.

En resumen, la autora trata el tema de la inmigración con muchísima corrección, ya que no le edulcora la realidad a los niños, pero tampoco dramatiza (en exceso). Y la historia de amistad entre Alma y Otto me ha parecido preciosa y emotiva. Además, me ha gustado muchísimo la presencia de ese amuleto mágico que le permite a Otto contemplar el pasado de Alma.
 

Muy rara es la vez que Anaya me decepciona con su trabajo de edición. Y en esta ocasión no iba a ser menos. Para empezar, la cubierta me gusta mucho y mereció que este libro me llamase la atención. Después, las ilustraciones de Ester García son maravillosas, pero no solo eso, ya que también reflejan perfectamente el contenido de la novela y son fieles a la historia.

Si tengo que encontrarle un único pero a este libro, son las pequeñas erratas que aparecen dispersas por toda la novela. La verdad es que no son muchas y la mayoría carecen de importancia, como simples acentos. Sin embargo, ¿qué es un piscólogo? Por cosas así, creo que deberían revisar el texto antes de su próxima edición. Por lo demás, no se me ocurre ninguna otra queja.


Nota: cuatro y medio de cinco

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