4 de octubre de 2016

Reseña #45 | La Casa de la Muerte | Sarah Pinborough


"Lo que sientes importa mucho más que lo que pareces. (...) Sé feliz durante este momento. Este momento es tu vida."


   ✏☑ HISTORIA 
Un rutinario análisis de sangre trastocó por completo la vida de Toby. Apartado de su familia, vive ahora en la Casa de la Muerte con otros jóvenes bajo la atenta mirada de la supervisora y su equipo de enfermeras. Esperan la aparición de los primeros síntomas de la enfermedad. Cualquier signo de que algo ha cambiado en ellos. Entonces es el momento de llevarlos al sanatorio. Nadie vuelve del sanatorio. Toby pasa los días absorto en sus recuerdos y preguntándose cuánto tiempo le queda. Hasta que llega alguien que rompe esa frágil calma y hace que todo cambie.

   ✏☑ CONCLUSIÓN
 
Una de esas lecturas que te encogen el corazón. Leía con miedo e incertidumbre, pero también con esperanza. Su historia me ha hecho sentir todas las emociones que conozco, buenas y malas. No es fantasía ni ciencia ficción, aunque tiene algo de distopía. Realmente, es más bien una novela social y, sobre todo, humana. Muy humana. Me ha parecido una lectura increíble y no porque su argumento resulte especialmente original o sorprendente. No, me ha parecido una historia perfecta porque pocos libros me han emocionado tanto.

La novela comienza cuando Toby ya está acostumbrado a convivir con otros Defectuosos en la Casa de la Muerte. A pesar de que desconocemos cuál fue el origen del Gen defectuoso, la historia nos va desvelando poco a poco cómo evolucionan los chicos que poseen ese gen recesivo. De pronto, sin previo aviso, presentan diferentes síntomas de la enfermedad. A veces, es un olor muy desagradable. Otras veces, pierden el control de su propio cuerpo y empiezan los temblores. Entonces, la Supervisora y las Enfermeras de la Casa, se los llevan al Sanatorio. Un día cualquiera, el ascensor de la mansión devora su existencia y desaparecen de la faz de la Tierra para siempre.

Creo que este pequeño párrafo resume perfectamente la ambientación claustrofóbica que se respira durante todo el libro: Nadie abandona jamás la casa y nadie vuelve del sanatorio. Todos lo sabemos. Igual que sabemos que todos nosotros acabaremos allí. Un día seré yo el chico que desaparece durante la noche. Como podéis ver, la historia está escrita en primera persona, aunque de vez en cuando, aparece un narrador omnisciente que nos relata el pasado de Toby en tercera persona, a través de pequeños párrafos. De modo que desconocemos qué lógica gobierna los pensamientos del resto de personajes y todas las decisiones de los adultos tienen lugar en un segundo plano bastante ilógico.

En más de una ocasión, la autora menciona El señor de las moscas, e incluso apoda a sus protagonistas con nombres de esos personajes. Es un detalle muy importante, porque ambos relatos guardan muchas semejanzas y de eso mismo trata esta novela. En esta ocasión, hay adultos, pero sólo aparecen como una sombra que vigila desde la distancia y muy pocas veces interfieren en las actividades de los niños y adolescentes. En definitiva, la novela gira en torno a las relaciones sociales que se establecen entre sus personajes.

Sin embargo, los grupos de amigos se deciden únicamente en base al número de habitación en el que les corresponde dormir. En realidad, la Casa de la Muerte es una especie de hospital infantil en el que aislan a un grupo de niños que padecen una enfermedad terminal como si fueran abominaciones. Todos saben que tienen los días contados, de modo que sólo les queda esperar. Mientras tanto, los Defectuosos viven enfrentados entre sí: el dormitorio más fuerte es aquel que no ha perdido todavía a ningún chico. Puesto que el único humor que se pueden permitir a esas alturas es el humor negro, muchos chicos también hacen apuestas sobre quién será el siguiente en desaparecer.


Como era de esperar, sus vidas resultan demasiado deprimentes. Hasta que aparece ese alguien especial que pone un poco de color en sus vidas. Una chica bastante peculiar que vive en el momento. Al principio del libro aparece una cita grandiosa de Omar Jayam que resume la esencia de todo el libro y describe perfectamente la personalidad de Clara: Sé feliz durante este momento. Este momento es tu vida. A pesar de una ambientación tan lúgubre, este libro nos hace reflexionar sobre nuestras propias vidas con un exceso de optimismo y buen humor. La verdad es que me he pasado toda la novela con muchísimas ganas de llorar, pero también me ha arrancado unas cuantas sonrisas.

Durante los primeros capítulos, el protagonista me parecía un poquito... imbécil. A diferencia de sus "amigos", Toby había asumido una actitud derrotista bastante insoportable. Siempre rechazaba cualquier amago de diversión porque había decidido sobrevivir amargado durante el resto de su corta vida. Una actitud que, por otro lado, resulta del todo comprensible. Sin embargo, la llegada de Clara a la Casa de la Muerte desmorona por completo cada una de sus apáticas aspiraciones. Y no es el único. Todos los protagonistas experimentan algún cambio visible a lo largo de una novela que va construyendo sin prisa pero sin pausa la psicología de muchísimos personajes con demasiado acierto.

Pero todavía hay más: La autora también se atreve a reflexionar sobre lo que hay después. De repente, uno de los niños organiza su propia iglesia, a pesar de que la mayoría critica su forma de pensar. Con bastante frecuencia, debaten sobre la vida y la muerte como si fueran adultos, divagando sobre sus propias conclusiones y acogiéndose algunos a la fe para no tener tanto miedo al Sanatorio. En esta novela, se habla de la muerte con toda naturalidad, muy cerca de algunas palabras tabú capaces de helarnos la sangre.

Las críticas aseguraban que el final era lo mejor pero... no estoy de acuerdo. Y al mismo tiempo, esa afirmación es totalmente cierta. En realidad, su desenlace me ha provocado dos sentimientos bastante contradictorios justo en la boca del estómago. De modo que su lectura me ha dejado en un estado de confusión bastante bilopar, satisfecha e indignada al mismo tiempo. Pero, si de algo estoy convencida en este mismo momento, es que me encanta cómo escribe Sarah Pinborough simplemente por el hecho de que ha logrado hacerme sentir demasiadas emociones en tan pocas páginas. Una prosa brillante, despiadada e injusta que tardará mucho tiempo en borrarse de mi memoria.
 

Nº de coRAZONES
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